La
adolescencia

La
adolescencia es una época que sólo
se recuerda feliz, cuando se ha pasado
y estamos en plena madurez, e incluso
puede añorarse, simplemente porque
la hemos olvidado. No hay que olvidar
que etimológicamente, adolescencia
quiere decir padecimiento. Encontrarse
a sí mismo de nuevo es la difícil
tarea en la que está inmerso todo
adolescente.
La adolescencia se define con una frase
de Jean Jacques Rousseau, el filósofo
francés, que decía que "
la adolescencia era como un parto, .en
el primero nace un niño y en el
segundo, en éste, un hombre o una
mujer", y como todo parto, conlleva
sufrimiento por ambas partes, inseguridad
y miedo, pero que todo resulta más
fácil si tenemos más información,
y podremos llegar con las técnicas
adecuadas al " parto sin dolor".
Por eso, el hecho de conocer que es lo
normal y que no lo es, establecer un diagnóstico
precoz de cualquier anormalidad en dicho
parto, puede sernos muy útil. El
estar preparados, relajados para ese momento,
informados, puede ser la clave de que
ese paso difícil para todos, de
la niñez a la edad adulta, sea
lo menos traumático posible.
Por ello es imprescindible saber cuales
son las características normales
de esta crisis de adolescente que tiene
unos síntomas comunes, como vamos
a ver a continuación:
Empezaremos hablando desde el punto de
vista fisiológico, que es lo que
caracteriza a la adolescencia, Hablamos
de cambios físicos que el niño/niña
va a experimentar y para los que debemos
ya haberles informado, para que no les
coja desprevenidos. Cuando hablamos de
la adolescencia desde el punto de vista
exclusivamente físico, hablamos
de pubertad:
Se puede dividir en dos estadios:
• Prepubertad: Comienza con la aparición
de los caracteres sexuales secundarios,
como vello pubiano y en axilas, aumento
de las mamas, etc..
• Pubertad propiamente dicha, que
comienza en el chico con el cambio de
voz, la primera eyaculación y en
la chica con la primera regla o menarquía.
Los límites de edad entre los que
nos manejamos, varían mucho, la
media de aparición de la pubertad
es de 13 años para la chica, y
14 para el chico. Estos límites
varían mucho y pueden considerarse
como límites extremos de los 10
a los 15 años la aparición
de la menarquía en la chica, y
entre los 11 y 17 para los chicos.
Pero ¿Cuanto dura la pubertad?
Pues también aquí existen
diferencias entre ambos sexos, a favor
nuestro. En las chicas el proceso de madurez
se completa mucho antes. Por esto ustedes
notan esa increíble diferencia
entre un chico y una chica de 15 años.
Mientras que la primera ya nos está
volviendo locos, el segundo es aún
nuestro niño, sin problemas, como
siempre.
CAMBIOS PSICOLÓGICOS
Además de estos cambios fisiológicos
que son conocidos y aceptados por la mayoría
de los padres por poca que sea su información,
se producen otros cambios psicológicos,
que son considerados como normales, pero
que cogen desprevenidos a muchos padres
que consultan a profesionales porque su
hijo no es el mismo de hace un año,
y tienen miedo de que le suceda algo malo.
Los cambios son lo suficientemente importantes
como para que los reconozcamos sin problemas:
• Crisis de oposición, en
cuanto a la necesidad que tienen de autoafirmarse,
de formar un yo diferente al de sus padres
a los que han estado estrechamente unidos
hasta ahora, con necesidad de autonomía,
de independencia intelectual y emocional.
Por eso nuestro niño, deja de ser
nuestro, para ser de los demás,
especialmente de los amigos.
• Desarreglo emotivo: a veces con
la sensibilidad a flor de piel y otras
en las que parece carecer de sentimientos.
Es por eso que un día nuestra hija
nos sorprende con un abrazo y otro día
rechaza cualquier muestra de cariño.
Un día sin motivo aparente se despierta
dando gruñidos, simplemente porque
sus hormonas posiblemente le estén
jugando una mala pasada.
• Imaginación desbordada:
Sueñan, y esto no es más
que un mecanismo de defensa ante un mundo
para el que no están preparados.
Es un medio de transformar la realidad,
pueden imaginar un porvenir, como modelos,
o futbolistas de elite, o campeones de
surf, actores, etc. .Ellos pueden cambiar
el mundo, hacerlo mejor.
• Narcisismo: Se reconoce al adolescente
cuando comienza a serlo, simplemente por
las horas que le dedica al espejo. Le
concede una importancia extrema a su físico:
puede lamentarse por un grano en la nariz,
obsesionarse por la ropa, por estar gordos
o delgados. quieren estar constantemente
perfectos aunque su visión de la
estética no tenga nada que ver
con la nuestra.
• Crisis de originalidad: que presenta
dos aspectos:
a) Individual: como afirmación
del yo, con gusto por la soledad, el secreto,
las excentricidades en el vestir, o en
su forma de hablar o de pensar. Necesita
reformar, transformar el mundo, ser distinto
y especial.
b) Social: aquí está la
rebelión juvenil: Rebelión
en cuanto a los sistemas de valores de
los adultos y las ideas recibidas. Achacan
al adulto sobretodo su falta de comprensión
y el hecho de que atenta contra su independencia.
Hay una necesidad clara de participación,
la uniformidad en lenguaje y en vestimenta
de los adolescentes, no es más
que la necesidad de afecto, de ser considerado,
aprobado por el propio grupo, y que a
veces lo viven de una forma obsesiva.
Veamos ahora que sentimientos reales acompañan
a estas manifestaciones, y que son consecuencia
directa de las crisis que está
atravesando:
• Sentimiento de inseguridad: sufre
a causa de sus propios cambios físicos
que no siempre van parejos con su crecimiento
emocional, puesto que la pubertad, es
decir la madurez física, siempre
precede a la psíquica, con lo que
a veces se encuentran con un cuerpo de
adulto, que no corresponde a su mente,
y por lo tanto no se reconocen, y desarrollan
una fuerte falta de confianza en si mismos.
• Sentimientos angustia: puesto
que existe una frustración continua.
Por una parte le pedimos que actúe
como un adulto ( en sociedad, responsabilidad)
y por otra se le trata como un niño,
se le prohibe vestir de una u otra forma,
o se reglamentan sus salidas nocturnas,
etc..
Esta angustia es la manifestación
de la tensión que el chico soporta
y que se manifiesta por:
a) Agresividad: como respuesta a dicha
frustración, la agresividad es
un mecanismo habitual. La cólera
del adolescente ante nuestra negativa
a sus exigencias, la irritabilidad, la
propensión a la violencia, que
de momento les supone una bajada de tensión
pero que por supuesto es sólo momentánea,
las malas contestaciones, los portazos,
las reacciones desmedidas en las peleas
con los hermanos, etc. son claros ejemplos.
b) Miedo al ridículo: que como
sabemos se encuentra exageradamente presente.
Es un sentimiento social de vergüenza,
atravesar un sitio con mucha gente, ir
con ropa poco apropiada para el grupo,
etc.. y que puede tener manifestaciones
físicas: taquicardia, trastornos
gastrointestinales, etc..
c) Angustia expresada de modo indirecto:
el miedo al examen, ( quedarse en blanco),
timidez extrema, miedo a desagradar, reacción
de rechazo cuando se le dan muestras de
cariño, tanto en público
como en privado.
d) Sentimientos de depresión: por
la necesidad de estar solo, de melancolía
y tristeza que pueden alternar con estados
de verdadera euforia.
Bien, estas características entran
dentro de la normalidad de un chico o
una chica adolescente, pero por supuesto,
dentro de unos límites. La angustia,
la depresión, la irritabilidad,
el ir contra las normas, puede volverse
patológico cuando es exagerado,
cuando vemos que el adolescente está
sufriendo mucho y o hace sufrir a los
demás, cuando vemos que se altera
toda su vida y que esos sentimientos le
condicionan absolutamente, que de alguna
forma le alejan en exceso de la realidad.
EDUCAR AL ADOLESCENTE
Hablemos ahora de nosotros. De los padres.
¿Qué hacer ante un hijo
adolescente? ¿Debo ser autoritario,
amigo?, ¿Debo consentir, prohibir?.
Los padres deberán " formarse"
para afrontar esta etapa evolutiva. Deberán
seguir las pautas de educación
adecuadas para controlar y evitar el conflicto.
Es importante que lean mucho sobre adolescencia.
Piense en su adolescencia. Espere cambios
de humor en el hijo que normalmente es
muy alegre y prepárese para más
conflictos en el futuro que surgirán
a medida que su hijo encuentre su lugar
como persona. Los padres que saben lo
que les espera pueden enfrentarse mejor
a ello. Y cuanto más informados
estén los padres, menor será
el dolor.
Es muy difícil conseguir en estos
años una buena relación.
Yo diría que es utópico,
pero siempre podremos paliar un poco las
consecuencias de la crisis en nuestra
comunicación con ellos. Es evidente
que con unos padres autoritarios , que
toman ellos las decisiones unilateralmente
los hijos serán incapaces de hacer
nada porque siempre tendrán miedo,
y si la rigidez ha sido mucha, lo más
probable es que la crisis de oposición
del chico o la chica sea mucho más
grave. No olvidemos que el temor y el
miedo nunca han sido formativos. Debemos
enriquecer su personalidad no anularla.
Aquellos que son superprotectores tampoco
favorecen a los adolescentes que serán
chicos tímidos, inseguros, incapaces
de tomar decisiones, con un exceso de
control paterno afectivo, que no es más
que una forma de chantaje emocional. "¿
te vas a ir? ¿ me dejas sola? Yo
que siempre me sacrifiqué"....
El otro tipo de Padres permisivos o muy
permisivos, igualitarios, hacen que casi
no se distinga quien es quien. En realidad
suelen ser padres inmaduros, que no asumen
la responsabilidad de la educación,
son despreocupados, negligentes, o con
pocos recursos educativos. padres que
por propia comodidad o por temor a ser
impopulares ante sus hijos, mantienen
actitudes de concesión constante.
Ceden ante cualquier petición de
los hijos. Esto es sin duda muy perjudicial,
pues los niños crecerán
sin patrones adecuados de conducta, no
podrán identificarse con un modelo
paterno, puesto que son colegas, y no
podrán enfrentarse al mundo con
la responsabilidad y la formación
adecuadas porque sus padres no la han
tenido.
¿Cuál sería pues
el tipo de padres que pueden educar sanamente
a sus hijos?
¿Qué postura es la adecuada
para un buen desarrollo psicológico,
emocional e intelectual del adolescente?
• Padres moderadamente autoritarios:
forman hijos con confianza en sí
mismos, con altos niveles de autoestima
y una independencia responsable. Valoran
la autonomía pero también
refuerzan la conducta disciplinada y ordenada.
Saben decir no, dando las explicaciones
adecuadas, mantienen una comunicación
amplia y sincera, lo que disminuye las
tensiones y por otra parte ayuda a que
detectemos con tiempo los problemas que
puedan presentarse, bebida, problemas
escolares, drogas, etc.. que de no encauzarse
adecuadamente pueden ser muy graves. Alientan
la toma de decisiones, dando los consejos
adecuados, pero no imponiendo siempre
su criterio. En una palabra son padres,
pero no son inaccesibles, ni funcionan
por el temor o el miedo, pueden sentirse
muy cercanos, pero sabiendo la enorme
responsabilidad que tienen sobre su educación.
Padres
que saben mandar y que cumplen unos requisitos:
1.
No se debe mandar hoy una cosa y mañana
otra, con contradicciones porque evidentemente
nos hará perder credibilidad.
2.
Cuando se toma una decisión hay
que mantenerla. Previamente hay que razonarla
pero una vez tomada, deberemos mantenerla
aunque cueste trabajo o sacrificio.
3.
No se puede exigir a los hijos lo que
no somos capaces de hacer. Mantener una
congruencia de vida, no podemos pedir
orden si somos un desastre..
4.
Debemos mantener el control, no dejarnos
llevar siempre por la ira, enfado, o agresividad,
puesto que nos pueden llevar a dar órdenes
que luego tendremos que corregir.
5.
Ser tolerantes con las pequeñas
cosas, (la ropa, el tatuaje, el pendiente.)
y poder exigir en las fundamentales.
6.
Mostrar interés por todas sus acciones.
No exigir, dar órdenes y desaparecer
de la escena, leer el periódico
o marchar de casa, desatendiéndose
del hijo.
7.
Disponer de muchísima paciencia.
No debemos olvidar que ellos tratarán
de imponer sus criterios, aprovecharse
de nuestras debilidades, debemos ser perseverantes,
no claudicando nunca, y cuando nos veamos
desbordados pedir ayuda a un profesional
que nos oriente.
8.
Valorar todo lo bueno, lo responsable
que sea, aunque sea mínimamente,
pues así será estimulado,
procurando estar siempre para ver también
lo que ha hecho bien, aunque sea su deber
(como estudiar, o recoger su habitación)
puesto que en esta crisis esto a él,
al adolescente, le supone un esfuerzo
Y Recuerde ...Algunas pautas
• Póngase en el lugar de
su hijo: Sea empático con su hijo.
• Informe a su adolescente y manténgase
informado : La adolescencia es a menudo
una época para experimentar y a
veces esto incluye comportamientos arriesgados.
No eluda los temas relacionados con el
sexo, las drogas, el alcohol y el tabaco;
conversar con su hijo abiertamente sobre
estos temas antes de que se vea expuesto
a ellos aumenta las probabilidades de
que su hijo actúe de forma responsable
cuando llegue el momento.
•
Respete su privacidad: Para algunos padres
esto es algo muy difícil. Creen
que todo lo que hacen sus hijos es asunto
suyo. Pero cuando se trata de formar a
un futuro adulto, tener algo de privacidad
se convierte en un derecho de ese futuro
adulto. Si existen señales de alerta
que indican que puede haber problemas,
usted se podría ver obligado a
invadir la privacidad de su hijo hasta
que llegue al fondo del problema, pero
de lo contrario, manténgase al
margen. El dormitorio de un adolescente
y sus llamadas telefónicas deben
ser algo privado y no hay necesidad de
que compartan con uno de sus padres todas
sus ideas o actividades. Todos los niños,
adolescentes o no, requieren supervisión
de los padres y usted tiene derecho a
saber dónde estará su hijo
y qué hace. Pero no espere que
le dé todos los detalles ni que
lo invite a ir con él/ella. Respetar
su intimidad y sus silencios, sin intentar
hacerle hablar de algo que no quiera.
No presionarlo y mantenerse receptivos
para que el joven sepa que puede contar
con el apoyo de los padres.
• Establezca reglas apropiadas:
Sepa ceder y ser flexible. Si su hora
de llegada no es la que el quiere, trate
de negociar. Si se porta bien el aumentar
la hora de llegada puede ser un premio.
Tenemos que fijar normas y límites
pero a través del diálogo
para que nuestros hijos acepten y asuman
compromisos.
• En primer lugar, la crítica
y la corrección debe combinarse
con el uso frecuente de elogios. Es decir,
debes ser capaz de ver también
lo que tu hijo hace bien y decírselo.
Por muy desastre que te parezca tu hijo,
seguro que tiene también valores
positivos que debes esforzarte en reconocer.
Además es necesario corregir con
mucho cariño. Por tanto la crítica
debe ser serena y ponderada, sin precipitaciones
y sin apasionamiento. Cuidadosa, sin ironía,
sin sarcasmo, como se corrige a un amigo.
• Tómelos en serio, no tratarlos
como seres inferiores que explican cosas
de las que estamos de vuelta.
• Conviene no aprovechar cualquier
ocasión para sermonearles.
• Escuchar con atención lo
que quieren explicarnos o preguntar.
• Cuando hable con él, concéntrese
en lo que dice. Hágale alguna pregunta
sobre lo que explica para demostrar que
realmente se quiere enterar bien. Y sobretodo
nunca diga " ahora no tengo tiempo".
• Hablar también de lo que
les interesa a ellos. Dar tiempo para
abordar los temas que nos interesan a
nosotros.
• Es importante evitar, tanto cuando
les hagamos propuestas como cuando los
censuremos, ponernos a nosotros mismos
como modelos ("A tu edad yo...")
o poner comoejemplo a otras personas ("Mira
tu hermano como..."). Es injusto,
ofensivo y un camino seguro para conseguir
su animadversión. En todo caso
compáralo con él mismo ("Seguro
que lo conseguirás, como cuando
hiciste...").
• Hay que prever sanciones para
el caso de que rompa alguno de los compromisos
o normas establecidas. Es inteligente
tenerlas preparadas para que no sean fruto
de la improvisación ni desproporcionadas.
En todo caso, podéis pedir su opinión
sobre la sanción que habéis
pensado.
• La libertad y autonomía
respecto al uso del tiempo ibre, al uso
del dinero, al horario de llegada a casa,
o a la gestión de sus estudios
hay que otorgarla en función de
la responsabilidad demostrada. A mayor
responsabilidad, mayor autonomía,
y ante faltas de responsabilidad, restricciones
de autonomía.
• Siempre que pida a su hijo que
haga algo, explique por qué se
lo pide. No use expresiones como "porque
lo digo yo" o "porque sí".
• Aproveche los acontecimientos
que le ocurran para relacionarlos con
objetivos de autoexigencia y lucha personal.
• ?El padre debería hacer
notar a los hijos el esfuerzo de autoexigencia
que realiza la madre, y viceversa. Es
una magnífica ocasión para
mostrar un ejemplo.
• Pedirle perdón cuando nos
equivoquemos o cuando, por falta de control
personal, le gritamos o descalificamos.
• Dejar que se explique, dar crédito
a lo que dice salvo cuando tenga evidencia
de lo contrario.
• Si le engaña o falta a
sus compromisos, no le grite ni le riña.
Explíquele con toda la calma de
que sea capaz, que ha faltado a nuestra
confianza, por lo cual tendrá menos
autonomía hasta que demuestre que
es digno de confianza.
• Establezca la costumbre de que
explique con quién sale y dónde
podríamos buscarle en caso de necesidad.
• Dedicar tiempo a estar juntos,
compartiendo alguna actividad y conversando
sobre ello (acompañarles a sus
partidos o actividades extraescolares,
a clase, yendo juntos al cine, de compras,
al fútbol)
• Compartir alguna preocupación
personal con su hijo y pidiéndole
su opinión (temas al alcance de
su nivel madurativo: problemas de trabajo,
de salud...) puede facilitar la comunicación
entre ambos.
En fin, educar es por tanto ayudarles
fomentando su independencia, su libertad,
enriqueciéndolos sin anularlos,
estando al lado, y no encima.
Con esta información sólo
querría que quedara bien claro
que la adolescencia es esa edad en la
que todos juramos que seríamos
distintos a nuestros padres, para acabar
con el tiempo pareciéndonos y acercándonos
absolutamente a ellos. esa edad en la
que ustedes se reconocerán en estas
frases:
• Miente respecto al colegio o pira.
• Deja la habitación como
una pocilga.
• Quiere volver tarde.
• Tiene una actitud agresiva. Incluso
amenaza o insulta.
•
No hace más que ver la tele.
• No ayuda en casa.
•
Siempre quiere estar solo
•
Sé que bebe o fuma
• Está siempre en bares y
discotecas.
•
Exige continuamente cosas caras, de marca
y tiene rabietas si no lo consigue.
• Quiere vestirse de la forma más
rara del mundo
• Está apático, parece
no importarle nada.
Bien, pues todos estos problemas, siempre
que no se desborden como ya hemos visto,
forman parte de su evolución, de
su crisis de oposición, que como
toda crisis es madurativa y cuya ausencia
es patológica. Es decir es básica
la rebelión contra la familia,
puesto que ésta tiene que ser negada
para que el adolescente llegue a la madurez
real, por ello una hiperautoridad paterna
que aplasta sistemáticamente todo
intento de afirmación del adolescente
o por el contrario la superprotección
y el exceso de permisividad hacen que
el adolescente no sepa a que atenerse
y pueda por tanto complicarse su crisis
hasta hacerse patológica y necesaria
de tratamiento.
Para que esto no suceda es importante
tener grandes dosis de amor, de paciencia,
de comprensión y de recuerdos..
Quizás es por esto por lo que los
padres no suelen comprender a sus hijos
en esta edad, no se acuerdan. Lo importante
es volver la vista atrás.y recordar
las riñas con los padres por la
hora de llegada, las amenazas de cortar
el teléfono, que en la actualidad
puede ser desconectarlos de Internet,
los suspensos, los novios, las copas de
más, la responsabilidad de menos,
el egoísmo de creer que el mundo
era nuestro y que todo debería
estar a nuestra disposición.
Volver la vista atrás y recordarnos
a nosotros mismos, como nos sentíamos,
la incertidumbre ante el futuro, el no
saber bien quienes éramos, el cuestionar
todos los valores de nuestros padres..
Es solo un ejercicio de memoria. no queda
tan lejos. Sólo hay que intentarlo.